jueves, 29 de noviembre de 2007

Los efectos secundarios del Velcro

Hace cosa de dos semanas tuve la desafortunada fortuna de recibir un balonazo en la mandíbula. Fue una situación de lo más ridícula a la par que dolorosa. El caso es que no hubo fractura, solo luxación, aunque estuve dos días comiendo con pajita (es lo que les digo a las chicas, jeje).
Me citaron para anteayer. Era una consulta inútil, porque sabía desde un principio lo que iba a pasar.
- ¿Te duele?
- No.
- Pues te damos el alta.
- Bien.
Nada más llegar, una sala de espera repleta de gente me hizo venirme abajo. Se oían comentarios contra el sistema por todas partes. Media de edad como siempre, superior a los 50 años, y muchas enfermeras, algunas guapas, otras feas.
Un psicópata con una bolsa de cartón, se sentó a mi lado y, no hacía más que doblar la misma. Estaba buscado el doblado perfecto y no lo conseguía. Se levantó ante la expectación de la gente, para continuar con el doblaje. Todo el mundo lo miraba con cara de 'para de una puta vez'; la mía era más de 'cogía la bolsa y te la metía por el culo'. En fin, el maniático paró y dio paso al segundo personaje de la mañana.
A mi frente, una señora con cara de amargada iba acompañada de su hijo, bien entrado en la treintena. Era el típico chico de infancia complicada, víctima de abusos y que le vestía su madre hasta hace dos o tres años. A todo esto, llevaba zapatos de Velcro, porque nunca aprendió a atarse los cordones.
La cara de la mujer era por algo; era la típica madre protectora, pero tener una consulta a las 10:30 cuando ya eran las 12:55, es una verdadera putada. Yo pensaba que me quedaba a vivir allí después de oír eso. El caso es que sobre las 13:00, llamaron al niño mimado. No estuvo ni 5 minutos dentro, pero de allí salió llorando con una bolsa de hielo a la altura de la mandíbula. Muy triste.
Yo esperé unos cinco minutos más. Si no calqué el diálogo, muy cerca anduve. Mi consulta duró unos treinta segundos, pero aprendí la lección: enseñaré a mis hijos a atarse los cordones.

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