domingo, 25 de noviembre de 2007

Prohibido jugar con el recuerdo

Es domingo noche. Ese día de transición, de grandes resacas tanto inútiles como de escasos recuerdos; domingo de liga y de tristeza, en el que algo empieza y algo acaba.
No me gusta el domingo, alguno sí, pero el domingo por lo general sobra. Menos cuando el lunes es fiesta, o tienes a alguien que te quiera. Por lo general el domingo es el día de pareja, o eso tengo entendido...
Recuerdo los domingos de Solares, cuando visitábamos un bar, 'Abisinia' creo recordar . Éramos héroes. Bebíamos una pócima que se llamaba 'calobro'. Eso no se me olvida. La bebida en cuestión era una mezcla entre vino (ésta era la parte en que veíamos cómo el camarero vertía el líquido en el vaso o botella; hasta ahí normal). Luego, el camarero hacía una visita a la trastienda y aparecía con el vaso lleno. Todo un enigma.
El caso es que mis amigos y yo bebíamos eso, como mucha más gente, no digo que fuéramos los únicos en hacerlo, ni mucho menos. Si bien, las cantidades que llegamos a ingerir alcanzaron registros históricos y Wall Street tembló ante el alza del producto en cuestión.
Probablemente no debimos beber domingo tras domingo aquella sustancia. Y, seguramente, esto tendrá repercusión en nuestro oscuro futuro. Yo lo taso en unos cinco años menos de vida.
Pues bien, aquel bar alcanzó un reconocido prestigio con aquella bebida. Era la bebida típica del domingo, cuando todavía éramos imberbes. Quizá lo somos aún, pero mamábamos mucha calle, y la calle curte.
Allí, en ese antro de perversión y charlas políticas, de baño estilo letrina y bufandas carcomidas por el humo de algún que otro puro, desvirgábamos nuestras mentes bajo la atenta mirada del tiempo. Un tiempo que ha pasado rápido, domingo tras domingo. Y aunque ya no aparecezcamos por nuestra infancia, el 'calobro' es algo que no se olvidará. No. Me niego.
Vimos caer leyendas de dobles con hielo, mientras nos consumíamos hablando de algo de la semana que atrás quedaba y de tantos proyectos del futuro que aguardaban. Sí, un amigo me contó precisamente con una botella en su mano de el mencionado manjar como fue su primera experiencia feladora. A mí y a otros tantos que escuchaban atónitos.
Allí dejábamos a nuestras novias, nos echábamos otras, volvíamos con las primeras, llorábamos y cantábamos. Ya solo queda el recuerdo.
Hoy un amigo me preguntó en broma: ¿Vamos a Solares? (risas). Yo le contesté: Era lo que estaba esperando oír (con cierto tono sarcástico). Pero seguro que ambos pensamos en nuestra vida antes y después del 'calobro', en días en que no perdíamos un tren pues siempre nos subíamos en marcha. Después de pensar, no me hizo tanta gracia.

4 comentarios:

  1. Siempre en nuestra memoria, como el caseto, sé feliz allá donde estés...

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  2. No mas relatos melancolicos manty, ke lo paso mal chico..

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  3. La realidad es k dentro de la trastienda del abisinia tienen a 7 gatos bañandose en una bañera de moscatel, aditivo perfecto para el calobro. Salut!

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  4. No veo ninguna referencia al calobro en el último informe de la OMS

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